Una vida más real
Trabajar con las manos, mancharse de barro, depender del tiempo que haga. Volver a lo concreto y aprender de ello.
Granja ecológica en Castilla, España
Una pequeña granja en Castilla donde intentamos vivir de otra manera: con los pies en la tierra, cerca de lo creado, en comunidad y con tiempo para Dios.
Por qué existe
Ora et Labora nació de una búsqueda personal. Queríamos una vida más pegada a la realidad, en la que el día lo marquen el sol, las estaciones y lo que pide la tierra, y no solo las pantallas y la prisa.
La encontramos en el campo castellano. Trabajar la tierra enseña cosas que no se aprenden de otro modo. Todo lleva su tiempo. No lo controlamos todo. Lo que recibimos es un regalo.
El nombre viene del lema que resume la tradición de san Benito: rezar y trabajar, sin separar una cosa de la otra. Es lo que queremos vivir cada día.
Buscar el bien, la belleza y la verdad en lo pequeño de cada día.
Harmonia
A quien nos visita le llama la atención lo bien que se llevan aquí los animales: los perros con los gatos, los gatos con los pollitos, los rumiantes con las aves, los grandes con los más pequeños. Cada uno tiene su sitio, su cuidado y su tiempo, y conviven en paz. Lo mismo vivimos cuando vienen a vernos amigos y familias de edades, orígenes y caminos muy distintos: alrededor de la mesa o en la fiesta, todos se sienten a gusto.
Esa armonía es como la nota de fondo de la granja, la que sostiene todas las demás melodías: el trabajo, el estudio, la mesa y la oración. Para nosotros es también un reflejo de la creación tal como salió de las manos de Dios, cuando todo «era muy bueno», y un anticipo de la paz que anuncian los profetas.
Habitará el lobo con el cordero, el leopardo se tumbará con el cabrito, y un niño pequeño los pastoreará.
Lo que nos mueve
Trabajar con las manos, mancharse de barro, depender del tiempo que haga. Volver a lo concreto y aprender de ello.
Cultivamos en ecológico y cuidamos de nuestros animales porque la tierra es obra de Dios y nosotros solo sus administradores. La cuidamos con respeto y queremos dejarla mejor para quienes vengan detrás.
Una granja no se sostiene sola. Queremos que sea un lugar de encuentro para familias y amigos, donde se comparten la mesa, el trabajo y la fiesta.
La oración da sentido al trabajo, y el trabajo hace la oración más verdadera. Buscamos que cada día tenga su espacio de silencio y de encuentro con Dios.
Studium
En la tradición benedictina, el trabajo de las manos nunca ha ido solo, sino acompañado del estudio: a lo largo de los siglos, los monasterios han sido escuelas de agricultura, guardianes de la historia y casas de la Palabra.
Nosotros queremos seguir ese camino. Estudiamos con mirada científica, observando, midiendo y contrastando, porque la fe no teme a la razón. Conocer bien la creación es otra forma de cuidarla y de dar gracias por ella.
Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para quienes las aman.
Magna opera Domini, exquisita in omnes voluntates eius.
El suelo, las plantas, los animales, el agua y el clima. Queremos entender cómo funciona la tierra que trabajamos, aprendiendo tanto de la agronomía de hoy como del saber de los antiguos labradores.
De dónde venimos: la historia del campo castellano, de sus pueblos y de su fe. Conocer el pasado nos ayuda a entender el presente y a no empezar de cero.
Leemos y estudiamos la Sagrada Escritura con calma y de la mano de la tradición cristiana, para que no se quede en las páginas y llegue a la vida de cada día.
Bien usada, la técnica libera tiempo y ayuda a cuidar mejor la tierra. Estudiamos herramientas y tecnologías, de la mecánica a la informática, para que la técnica esté al servicio de la persona, y no la persona al servicio de la técnica.
Prestamos especial atención a la inteligencia artificial. La vemos como fruto de la inteligencia que Dios nos ha dado, pero no como algo neutral. Queremos conocerla a fondo para usarla con sabiduría, sin que ocupe el lugar del juicio propio, del trabajo bien hecho ni del trato entre personas.
La vida aquí
Son grandes protagonistas de la granja. Cada día empieza y termina con ellos: darles de comer y de beber, limpiar, cuidarlos y estar atentos a cada uno. Nos enseñan constancia y nos recuerdan que cuidar es una forma de querer.
Cultivamos verduras de temporada sin prisas, con cuidado y siguiendo lo que pide cada estación.
Sembrar, cuidar, esperar y recoger. El año de la granja nos enseña paciencia y nos devuelve el sentido del tiempo.
A lo largo del año reunimos a familias y amigos para comer juntos, rezar y celebrar.
En el taller arreglamos lo que se rompe y hacemos con nuestras manos lo que la granja necesita. La carpintería y la herrería ocupan un lugar especial: trabajar la madera y el hierro pide paciencia, precisión y respeto por el material. Y nos recuerda que Jesús pasó buena parte de su vida en el taller de un carpintero, junto a san José.
















Los animales, el huerto, el campo y las fiestas: seguimos compartiendo fotos de la granja en Instagram.
De momento no vendemos productos ni ofrecemos servicios. Esta web es solo para contar quiénes somos y cómo vivimos.
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